domingo, 21 de junio de 2015


Muchas veces mediante sueños viajamos a lugares asombrosos e increíbles. Otras veces, viajamos a lugares de los cuales nos gustaría escapar lo más pronto posible. Sin embargo, en otras oportunidades, soñamos cosas que sabemos que no las estamos viviendo porque estamos soñando, pero al despertar nos damos cuenta que en verdad son realidades que nos afectan día a día.
Ésta pintura representa en cierta parte una mezcla entre la desesperación que muchos niños viven y la protección que una madre puede brindar.
 A continuación se presenta un relato escrito a partir de uno de los tantos sueños que se han quedado en mí presentes.


Sueños; realidad y mi utopía


Cuantos sueños yo quisiera contarte
mas de todos ellos he de escoger uno
el más triste quizás, o el más alegre, no lo sé
el más efímero tal vez, o el más contundente, no lo sé
mas de todos ellos he de escoger uno.
Espero que no escoja el equivocado para contarte
que te agrade o te disguste, no lo sé, proseguiré:

Trata sobre un día al igual que todos
donde muchos se agitan o bien muchos necesitan.
Caminando por el pueblo a un pequeño yo vi
sentadito el chiquitito al lado de un gorrioncito.
Caminando por el pueblo en la mañana lo vi,
era un día tan nublado y él aún sentado ahí.
-Pobrecito este pequeño.- Pensé y me acerqué, 
mas al verle su carita, yo sus lágrimas sequé.

"Escapé yo de mi casa porque papá le pegó,
sus ojos tenían furia y también su corazón.
¡Ay! Mi maire no quería pero me hizo escapar
pa' no ser yo sometío' a este infierno terrenal.
Señorita, tengo miedo de volver a mi casa,
que mi maire esté muerta o que mi papá me pegue.
No sé qué hacer con mi vida; un cabro chico solo soy,
no sé nada de la vida, pero aquí estoy."

El pequeño relataba lo que le había pasado,
yo atenta escuchaba, lo veía quebrantado.
-Pobre niño, chiquitito, ¡Vaya vida le ha tocado!
¿Qué será de su familia cuando tenga treinta años?.

Lo llevé a una tiendita y le compré un helado,
pero cuando terminó ya se había calmado.
No quería irme pero debía hacerlo;
el reloj me apuraba y del sueño me sacaba.
Cuando abrí mis ojos el pequeño ya no estaba,
no era más que otro sueño del que me despertaba.
Me vestí rápidamente con el pequeño en mi mente.
-¡Ay, chiquitito!, ya no llores, persigue mejor colores.

Estuve todo el día pensando en aquel sueño,
hasta que lo escribí y con mi voz lo canto aquí.
Solo espero que mi sueño no se haga realidad,
mas yo sé que hay más pequeños que viven esto en verdad.
¡Ay!, que mal no poder verlos y darles felicidad.
Aún espero que otro sueño se vuelva total verdad;
otro sueño en el que todos lloren de felicidad
cantando todos juntitos, ¡Ay! sería ideal.